Leer PDF Como arena en la palma de la mano: Una historia de amor

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Y qué importa tu cariño entonces? Qué vale la escultura de tu cuerpo si son los pensamientos de tu alma como villanos que arrebatara el viento?

Maná - Clavado en un bar (video)

Como si fuera un rito Como si fuera un rito dejé por las cubiertas las ropas que oprimían mi piel y mis deseos. En la quietud serena, oscura, de la noche quedé desnudo y libre en actitud de entrega. Estrellas infinitas gimieron en mis brazos y yo gemí con ellas sediento, enamorado. Estuve como un dios, minutos, tal vez horas, desnudo y voluptuoso engendrando galaxias. Desnudo fui tomando el mundo que dejara y fui de nuevo el hombre de los cansados ojos y las cansadas ansias.

Como sombra ignorada No tener un regazo que nos brinde, piadoso, tras los rudos cansancios del humano fracaso, la ilusoria certeza de un sereno reposo.

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No tener una amada, melancólica y buena, que nos cante, muy quedo, la canción ya olvidada del amor, y que sepa suavizar nuestra pena Me hallé mirando tu desnudez mojada; el agua por tu rostro, el agua por tu pecho intrépida bajaba. Uní junto a la tuya, mi desnudez ardiente; el agua entonces fría, acarició mi frente,. Vagué por tus perfiles, vagaste por los míos, sentimos deshacerse nuestros profundos fríos. Mientras que escurridiza y cual testigo muda el agua nos brindaba su erotizante ayuda. Cuando ella se viste y se va. Cuando ella se viste, la lenta transformación de un cuadro veo.

Cuando ella se viste mientras llueve y queda presa en el terrible lacrimario, destilan sangre las acacias. Como una criatura carroliana introduce sus piernas en las medias de cristal, y los peces de cera crepitan: acaba de arrojar un puñado de diamantes contra el suelo.

Se sigue vistiendo y lenta transforma su cuerpo. Su cuerpo es una nave de conquista que surca aguas de nadie; el trauma corrosivo de la gran ciudad. Se tambalea el cuarto bajo su paso romano, mientras una brocha llorosa pinta de color su indumentaria; la tristeza del negro para su jersey, el alegre fresa para su falda de metal. Luego, las oscuras sombras de los ojos, dibujadas con una línea de carbón que enarca también las cejas del orgullo.

Así queda la memoria, o el olvido, en su mirada de ultratumba. Fuera, en la calle, ha dejado de llover. Negros son los zapatos de largo tacón que impulsan su figura. Se va. Se ha ido. Por la calle traspasada de un fuerte olor a tierra y pasto, camina. Queda en la estancia, entremezclado, el delicado perfume de rabanne y reinando en la recia mansedumbre del orden, el aroma, inextinguible, de su ausencia.

Expresiones

Dame la mano, amor, que no podemos Dame la mano, amor, que no podemos descansar todavía. Ya sé que te rendiste muchas veces al sol que deshidrata todos los corazones; pero yo te he salvado trayendo un fresco arroyo hasta tus venas. Si no puedes con todo te llevaré en los brazos. Has visto que soy fuerte y que puedo arrasar todo el abismo. Mataré los jaguares si se atreven a acercarse a nosotros. Puedo con el desdén de las anémonas, con la desilusión de todos los reptiles, con la envidia mortal del aguacero.

Apóyate en mi hombro. A mí nada me agota, ni siquiera la lluvia.

De sólo imaginarme De sólo imaginarme que tu boca pueda juntarse con la mía, siento que una angustia secreta me sofoca, y en ansias de ternura me atormento El alma se me vuelve toda oído; el cuerpo se me torna todo llama y se me agita de amores encendido, mientras todo mi espíritu te llama. Y después no comprendo, en la locura, de este sueño de amor a que me entrego; si es que corre en mis venas sangre pura, o si en vez de la sangre corre fuego Del pecado de amarte no estoy arrepentida Del pecado de amarte no estoy arrepentida, aunque un oscuro abismo nos separe a los dos, en tanto que risueña te doy mi despedida, mis ojos se iluminan para decirte adiós.

No nos debemos nada. Peregrinos errantes, nuestra ruta seguimos. Dura el amor mientras las cosas duran Dura el amor mientras las cosas duran, mientras callan las cosas o vierten un rumor a nuestra espalda. Esta mano de amor que fue penumbra, tierra oculta que no te conocía, navega hoy en tu piel como un gesto que tienes, como un color del día trae tus pasos aéreos. Una isla viajera invita tu mejilla y en tus ojos pasean dos ansias de la noche.

Cuando llego a mi casa, que un corazón llenó de cosas mudas, allí encuentro esta mano que en tu calor se quema. El espejo Me instalo frente a ti, miro tus ojos y vigilo el espacio donde tu voz me busca. Me estremece el dolor del encuentro imprevisto, la sed con que te acercas al borde de mi sombra, el hueco que descubres en la luz de mi espejo. La soledad me arropa. Sólo en la noche existo. Suéñame de otro modo.

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Sacude el saco triste del idioma heredado. A veces, en el centro mismo de tu pregunta, me reconozco y corro hacia otra oscuridad: es amargo encontrar al final de un abrazo mi propio grito erguido y mi propio deseo. Por eso me divido, me desdoblo y me hundo en heridas distintas: me da miedo encontrarte. Tu sonido es el mío.

Mano de Fátima

Se parece a la noche, o mejor: a una noche sin ausencias. Ella es exacta. Cuando la noche escurre, su cuerpo se humedece. Me permite trepar por mis temblores y agitar su nombre desde la oscuridad. Ella es irrepetible. Nació en las piedras donde empieza mi desorden. En un cuarto de hotel. En cuartito de hotel lindo y desconocido: -horizontes azules, focos esmerilados-, en donde entramos juntos, absortos y turbados por el fiero imposible que habíamos vencido.

Yo no sentí rubor de mi carne desnuda. La dicha me ahogaba como una mano ruda y el cristal de mis ojos se enturbiaba de llanto,. Cayó sobre tu espalda la llama de tu pelo, y quemó la blancura su ondulación de fuego. Sin desmayar, erguidos, redondos, duros, tersos, temblaron los montones de nieve de tus pechos. Y de amor encendida, estremecido el cuerpo, con amorosa savia sus rosas florecieron.


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  • Libros - Gioconda Belli;
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El clavel de tus labios brindaba miel de besos, y fue mi boca ardiente abeja de sus pétalos. De la crujiente seda, que resbalara al suelo, emergió su blancura tu contorno supremo.

Nudo Gordiano #5 - [Amor y Desamor] by Nudo Gordiano - Issuu

Y al impulso movido de ardoroso deseo, se cimbró entre mis brazos y quedó prisionero. Me abrasaban tus ojos. Me quemaba tu aliento. Y apagó las palabras el rumor de tus besos. Es difícil decirlo.

77 comentarios

A Magdalena. Es difícil decirlo, lo sé con la certeza de un puño que se rompe, del gesto torrencial que une ciertas estrellas. Es difícil decirlo sin morderse por dentro la sonrisa, sin necesitar la absoluta densidad del cielo. Sin pedir a gritos un horizonte de agua que nos transmita dulcemente. Tu explosión necesaria, tu pulso original es un acantilado de ternura, un punto de partida donde volver a hundirse hacia tu brevedad de mujer de gato.