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Los cuentos de mi tía Panchita - Carmen Lyra - كتب Google

Visualizaciones Visualizaciones totales. Acciones Compartido. Insertados 0 No insertados. No hay notas en la diapositiva. Cuentos de mi tia panchita 1. Española Soley t; Valverde 2. Los Cuentos de mi tía Panchitai que peinaba sus cabellos canosos en do tren- zas, con una frente grande y unos ojos pequeñi- nes y risueños. Iba siempre de luto, y entre la casa protegía su falda negra con delantales muy blancos. En sus orejas. Hacía mil golosinas para vender, que se le iban como agua y que tenían fama en toda la ciudad.

Cuentos de mi tía Panchita

Ella fue quien me narró casi todos los cuentos que poblaron de maravillas mi cabeza. Mi tío Pablo. En cuanto a. Los cuentos de la tía Panchita eran humildes llaves de hierro que abrían arcas cuyo contenido era un tesoro de ensueños. Jn el patio de su casa había un pozo, bajo una chayotera que formaba sobre el brocal nn dose! A menudo, sobre todo en los calores de marzo, mi boca recuerda el agua de aquel pozo, la mas fría y limpia que hasta hoy probare, que ya no exist-e, que agotó el calor; y sin quererlo mi voluntad, mi corazón evoca al mismo tiempo, la memoria de mi alegria de entonces, cristalina y fresca, que ya no existe, que agotó la experiencia.

La rubia era mi predilecta, y el lunar azul en forma de estrella, de su mejilla, era una fuente de encanto para mi. Ahora cierro ios ojos y al reovorrïo de la qtzerida viojesilla, que fué mil vacas nazis armada para mi que si tío Pablo, a pesar de quo ignoraba que existen Lógica y Bltirta en este mundo, se sienta en su silla baja y me narra sus cuentos, tras sus dedos diligontes arrollan tígarríilos. Yo estoy asus pies en oi izaburetito ds cuero que me hizo el tio Joaquín. Siento el olor de! Els en una gran sala de paredes enjalbogadas y de pavimento enladrillado.

De ésto, algunos me han vuelto a salir al paso, no en libros eine en labios. Ella les ponía la.

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Llegó donde tía Cu- carac-ha y tun, tun. Si se decide es ya. Vine aquí de primero por ser usté. Pero no se vaya. Tío Conejo se sentó y al poco rato estaba allí tía Cucaraeha con un buen jarro de café acabadito de chorrear y una gran ración de tamal asado. Con ese puntalito entre el estómago, siguió tío Conejo su camino. Llegó donde tía Gallina y tun, tun. Los Ccnxros m: m "ría Paxcnzra 11 —Yo, tío Conejo, que vengo a ver si hacemos un trat0.

Como quien dice. También le dio un queso hecho en la casa para que probare. Tío Conejo siguió su camino y llegó donde tia. Tía Zorra dijo que bueno, y prometió llegar el sabado con sn onza y media donde tío Conejo. Después que dió una.


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Llegó donde tío Coyo- Mientras se comía su plato de conserva, tío Go- nejo ofreció su fanega de maíz y cie frijoies a tío C0- yote por onza y Lnedia. Tío Conejo ee desgyidíó y siguió adelante. IUn disparate! Pero es que ando oogiendolas del rzgbo con una. Luego tío Conejo regresó a su casa. Ape- nas había salido el sol, cuando vió venir a tía Cuca- recha con su carnet-a. Le enseñó el maíz y los frijoles; tía Cucaracha sacó del seno el pañueie en que traía.

Tío Conejo estaba. De pronto apareció con las manos en la cabeza. Tio Conejo la escondió entre el horno y salió a recibir a tía vïiallina, a le" que hizo iievar la. Después por señas la hizo asomarse ai horno y tía Gaiiina se va encontrando con mi señora tie. En seguida la llevó-a la sala, la hizo subir e En hamaca y aceptar nn pero habano. Cuando tía Gallina. Tío Conejo la escondió en el horno y salió a re- cibir a tía Zorra. La llevó a dejar la carreta en el potrete.

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Le señaló el horno con mil maliciae y tía Zorra se zampó a, tía Galiina. Zorra pegó un brincowzQuién, tio Conejo? Y no ee sabe ei es por usté o por mí. Tío Conejo la escondió en el horno y salió a recí- bir a. Después que éste le entregó Ia onza y media, lo llevó a la sala. No hay que apuraree por nada. Yo por eso nunca me apuro por nada. Lanzarote m: Ennomrrn :5 la comió. Y no se sabe si es por usté o por mi. Asi lo hizo tío Tirador, quien se va bailando con tío Coyote que estaba con las camillas en un temblor.

Tio Tirador apuntó y IpunL.


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Después fueron a cargar en las mulas el maíz y. Se puso a pensar en qué em- plearía el cinco. Si compro un cinco de colo- reteL-No. Allí buscó asiento.

Se casaron y hubo tina gran parranda. Ai día siguiente la Cucarachita, que era muy mujer de su cana, estaba arriba desde que comenza- ron las claras del día, poniéndolo todo en su lugar.

Después de aimuerzo puso al fuego una gran olla. Pero apenas hubo salido en esposa, el Ratón Pé-r rez le pasó el picaporte a la puerta y se fué a curio- sear en la olla.