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Educeado Garibaldi en Niza, ciudad ique se podria Ilamar mixta, ni de un tcdo italiana ni francesa, no habia oido hablar de political a sus con cluda'lanos, ni los destinos de italia le habian preocuIpaldo. Pero su eirtusiaslo patri6tico, que hasta entonces no habia sido desp ertado por falta de ocasioni, so suhlev6 al oir hablar de las desgracias de la Italia, qtu escuch6 enumerar con dolorosa sorpresa di sus nuevos amigos. La nobl le generosidad que dormia en el fonido de su corazon, despert6d para no volver a dormirse, y Garibaldi se cousagrd A la causa de la libertad y la union ita- liana; con tanto nmas motivo cuanto que sus ideas de indepeii- dencia y de justicia tno habiani podido antes darse A conocer, 40 ALBUM y que tenia necesidad de abrazar un partido politico que llenase su corazon y su espiritu.

Por fin, ya sabia que empleo dar sus fuerzas, y lieno de conviccion se hizo un hombre pensador, mas s6rio y mas firme de lo que antes habia sido. Conoci6 que su pi- tria aherrojada podria tener necesidad de 61, y se dedic6 desde luego al estudio con infatigable ardor, para poder ser Atil algun dia 'A su pais y cumplir como hijo agradecido con lo que debia A su p'tria.

Jorge Navarro Perez

Sus amigos de Genova, uniendose 'A un movimiento mazzi- niano, firmaron una conspiracion en y Garibaldi se com- prometi6 con ellos; pero descubiertos sus planes, fueron todos perseguidos y nuestro h6roe tuvo la fortuna de poder solvarse con intencion de refugiarse en Francia. Su carrera en la marina sarda fu6 interrumpida; pero, gqu6 le importaba?

Acababa de abrazar su verdadera carrera y su noble mision, consagrindose desde luego 'A la libertad de la Italia. Solo y i pie attaves6 una noche las montanfas que separan 'A Genova de Niza, y entr6 en su ciudad natal; pero no quiso refilgiarse en la casa de su padre, adonde presumia que la policia le buscAra corno en efecto suce- did. Tres dias estuvo escondido en caba de un amigo suyo, sin comunicar noticias suyas ni ann 'A su desconsolada familia, te- miendo que se descubriese nsu albergue.

Sus amigos le proporcio- naron un traje de aldeano francs, y con este dizfraz abandon a su pAtria de noche y atravesando 'A pi' la frontera francesa; lle- g6 sin contratiempo alguno A Marsella, con el desconsuelo do perder de vista 'A su amada Italia, quiz's por muchos afos, pero l1evando en el fondo de su corazon la dulce esperanza de volver algun dia triunfante al suelo que abandonaba fugitivo.

Pero lejos de entregarse al desaliento por el revs sufrido en Gnova, se fortificaron sus creencias y su amor 'A la libertad. Garibaldi, fijas siempre sus esperanzas en que un levantamiento nacional le abriria las puertas de su pAtria, conduciendole 'A OCer- defia, donde tomaria las armas para combatir 'A los austriacos que tanto odiaba, permaneci6 dos afos seguidos en Marsella; pero el tiempo volaba y ninguna sefial so advertia que hiciera esperar nada en favor de la libertad, y conociendo que aun no habia llegado la hora, se determine 'A tomar algun partido, por- que su actividad no le perminitia esperar entregado 'A la inaccion.

Duiante estos dos afnos habia continuado sus estudios maritimos y de las ciencias exactas, y habiendo adquirido relaciones con varios oficiales marinos, de los que servian 'A la escuadra egip- cia, movido por sus consejos se determine 'a entrar al servicio del Bey de Tinez, que daba buena acogida 6 todos los europeos que acudian A Parti6, pues, para Tdnez, y bien recibido en aquella ciudad, se le confi6 el mando de una pequefia embarca- cion.

El Bey de Tinez tenia puesto todo su conato en mantenerse en paz con to- do el uando, y por consigniente la calina soflolienta del Africa reinaba en todas sus posesionos. El corazon de Garibaldi nece- sitaba otro genero de vida que diese pabulo a su ardiente acti- vidad, y como sus subordinados tunecinos, abandonados a su pereza natural, llevabaii A q al los trabajos continuos con que su jefe los ocupaba para dar pasto a si pasmosa actividad, lleogaron a disgnsarse de dl hasta el punto de querer sublevarse contra su mando. Pero Garibaldi, apenas lo ech6 de ver, hizo ahorcar l mas atrevido y conF-igui6 de este modo hacerse temner y res- petar do sus descontent ,s mariners, quo vieron por un ejemplo tan palpablle la firmeza de so jefe.

Descontento cada vez do este g6nero de vida, ech6 ana 4iltina v desconsolada mirada sobre sn querida Italia, de la que no habia querido alejarse demasia- do, y ri6ndola encadenada y sin dar muestras de vida y ener- gia, lanmz6 un suspiro, y volviendo los ojos hacia otro lado, los fij6 en la Am6rica. Entonces concibi6 un nuevo proyecto del que se prometia salir ganancioso por dos partes. Dirijirse a America y dedicarse al comercio minaritimno.

Allegar riquezas que algun dia podria emplear en favor de la independencia de su pAtria, y al propio tiemnpo ofrecer sus servicios a alguna de las nuevas reptiblicas espanolas, entonces levantadas, para acostumbrarse al arte de la guerra y poder mas adelante emnplear su pericia militar en favor de Italia: tales eran los dobles fri'utos que de su proyecto se prometia sacar.

Tomada esta determination dej6 el servicio de Bey de Tii- nez, y emprendi6 su viaje a la Amirica. Desembarc6 en Rio- Janeiro A fin de tantear el terreno v ver haicia que punto le ten- dria mas cuenta dirigirse. En la casa en que se habia alojado co- nocid por primera vez A una hermosa j6ven brasilefia, cuyo ca- riacter atrevido y costninbres viriles le agradaron desde luego.

En efecto, Anita Leonta, no era una mujer vulgar: la gracia y la sensibilidad pro pias de su sexo, al lado de la energia, del ta- lento y del valor personal que caracterizan al hombre, pero no en un grado vulgar, sino altamente pronunciado; hacian de ella nna verdadera amazona. Enamor6se de ella Garibaldi, y habien- do logrado ser correspondido, estos dos corazones nobles y her- mosos se unieron con lazo indisolubhle. La muerte finicamente podria separar ya A esta arnmate pareja siempre fiel, siempre unanime en sus acciones v hasta en sus pensamientos.

Despues de esto, noestro h6re se determine, pues, A tomar un partido, y dio principi, a sn primera campafa, campafia glo- riosa, muv pareeida a un cuento caballarezco, en la que hizo siempre el primer papel, y en la cual Pe hizo tan atrevido y sabio 42 ALBUM general como diestro marino.

En aquella larga guerra de nota- ble actividad y continue interns, esponiendo mil veces su vida y acometiendo hazafhas maravillosas, di6 pruebas de toda la ener- gia y el atrevido talento que le ponen inivel de los mejores ca- pitanes del mundo. Escuchemos la interesante narracion que M. Hip61ite Castille hace de esta guerra con tan vivos colores y tan notable valentia. Garibaldi acudi6 A aquella ciudad sin- gular Ilena de aventureros do todos los paises, de comerciantes de no oficial de marina [pIes que Garibaldi l1evaba sus diplo- mas saidos y tunecinos] f16 festejada con entasiasmo.

Montevi- deo poseia alginos navios y mnariueros; pero carecia de oficiales. Garibaldi recibi6 el mando e la escuadra armada para cominba- tir A la de Buenos-Aires.

Parecia que no se hacia la guerra sino por la misma guerra. Se batian y despues cada uno se volvia 6a sti casa para volver a buscar su enemigo al dia siguiente.

Se hubiera dicho que tenian miedo de terminar demasiado pronto el juego mas agradable del mindo. Las tropas de Buenos-Aires 6 Montevideo se ponian emboscadas, se sor- prendian, se dividian en guerrillas, pero prolongaron evidente- mente por mero placer aquel juego por espacio de once afios. Si em- barcaban algunos soldados en los navios, se subia por el rio de ]a Plata 6 el Uruguay, se desembarcaba de improviso, se caia sobre algun destacamento enemigo que se ponia en derrota 6 se defendia en las calles guarecidos tras las barricadas de una pe- quena ciudad, y la espedicion quedaba concluida.

Mas de una vez derrib6 con su propia mano cuatro 6 cinco ene- migos, y so procur6 caballos arrojando al suelo a los ginetes. El teniible italiano se lanzaba en medio de la pelea, y pocos hom- bres eran capaces de ponerse al frente de 61 en un combate cuer- po a cuerpo. Ninguna herida al- canz6 i este jefe, que prodigaba, por decirlo asi, su persona a los golpes del enemigo. Estendi6se la creencia que era invulne- rable, y le pusieron por sobrenombre El Diablo, y los fusiles se apartaban de su pecho, puesto que parecia inltil disparar con- tra 61, y segun decian los soldados de Buenos-Aires, las balas so aplastaban sobre su pecho.

Descubierto y senalado, una goleta de seis cafiones le di6 caza. Los remeros de la barca no podian luchar largo tiempo en vive- za con una embarcacion lijera que corria a toda vela. La niebla les protegi6 un momento; pero habi6ndose disipado bien pronto, las balas arrojadas desde la goleta llegaron cerca de la pequeia barca: el navio maniobraba y so esforzaba con el objeto de ar- rojarse a la costa. Garibaldi no titubeo6, y renunciando A esca- parse, vino A abordar al fondo de una pequena ensenada, A cuya entrada lleg6 poco despues la goleta, que se coloc6 como un.

Como la noche so acercaba, el capitan de la embarcacion de Buenos-Aires. Garibaldi concibi6 la idea atrevida do trasportar a brazo su barca al otro lado. Conduciendo y alentando 6A sus marineros, y despiies de penas infinitas, ejecut6 con buen resultado su emrpresa. Enton- ces hizo tomar algun deseanso 6A sus subordinados, y despubes les propuso ir a sorprender la goleta y tomarla al abordaie aites de que despuntase el dia y mientras dormia la tripulacion.

Lo s atre- vidos mnarineros se lanzaron a ]a mar con entusiasmo ; la barca va en busca de la goleta, se desliza sin miedo por sus flancos: Garibaldi y sus doce hombres escalan el abordaje, matan 6 los hombres que encuentran, y penetrando por el puente, obligan 6 rendirse 6 cuarenta marineros. Garibaldi gozoso, hecho duefio 44 ALBUM de su presa, se dirige al encuentro de su escuadra, inquieta con su desaparicion; y los enemigos desalentados se alejan buscando eol abrigo de los puertos de Buenos-Aires.

Sus soldados desalentados al ver desmentida su fama de invulnerable, se re- plegaron l1evindole consigo. Persegaido por los vencedores se desbandan, algunos oficiales que le apreciaban, colocan sobre su caballo a su jefe, y en uina huida rapida le cnndujeron al terri- torio neutral de Entrerios. Alli fu6 arrestado Garibaldi y dete- nido como prisionero durante algunos mineses.

For fin pudo esca- parse y volvi6 a aparecer en Montevideo, en donde se ignoraba su suerte. La alegria general fu6 grande a la vista del jefe que se habia creido perdido.

PINTORES (Ramón Casas) 1866-1932

La repfiblica le equip6 algunos navios destinados 6 una espedicion de la que sali6 victorioso. Una respetable es- cuadra bajo las 6rdenes del almirante Brown vino a poner t6r- mino 6A las escursiones maritimas de Garibaldi. Pero los ingleses lo alcanzaron otra vez en el Uruguay.

Viendo que a pesar de sus her6icos esfuerzos no podia resistir, hizo desemnbarcar a su tripulacion y 61 mismo pu- so fuego a su flotilla, a fin de que no fuese presa del almirante Brown, despues de lo cual so volvi6 con su gente a Montevideo. Eu esta 6poca inmuchos desterrados italianos habian busca- do un asilo en Montevideo, en donde todo el mundo debia ser soldado para defender una independencia tan vivanmente ata- cada por Rosas. Garibaldi infatigable form6 una legion com- puesta de mas de dos mil italianos, a la cabeza de los cuales prest6 los mas activos servicios 6 la repiblica.

De sus volunta- rios hizo los mas valientes soldados, y fui6 la espada de Montevi- deo contra Rosas. Formada, ejercitada y adiestrada por Garibal- di, que supo domrninar los corazones italianos record6indoles las esperanzas de la p6atria,! Soldados y oficiales se batian entonces como demonios, v si no so hacian matar era do seguro porque el enemigo volvia la espalda. Se batia la campafla por partidus de trescientos 6 cuatrocientos hombres. Rosas ponia siempre en batalla fuerzas mas considerables, y A pesar de eso pocas ventajas ganaba, por- que en el encuentro de Salta, Garibaldi solo con trescientos hom- bres le derrot6 tres mil.

Estos fiados en sn nimero creian segu- ra su victoria; pero despues de los primneros fuegos, los italianos cargaron sobre ellos A la bayoneta, y los desbarataron poni'ndo- los en fuga.

Garibaldi lleg6 a ser un escelente ginete y mostro en estas luchas aventureras una marcada predileccion por los caballos. Mauy hibil ademas en nadar, eon correr, en escalar, en lanzar el lazo y en manejar el sable 6 la lanza, Garibal habia adiestrado a su legion en todos estos ejercicios. Sin embargo, ha habido en los ejercicios de la Plata y Uruguay algunas celebridades fundadas en el manejo de esta arma mas emibarazosa que temible.

Los dos cominbatientes, el italiano con su sable en la mano y su contrario haciendo girar sobre su cabeza el lazo, se lanzaron al encuentro. La larga cuerda del lazo terminada en largas bolas de plomino silb6 al rededor de la frente de Garibaldi. El atrevido guerrillero, tendi6ndose sobre el cuello de su caba- l, tavo el acierto de romper con su sable la cuerda del lazo.


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Privado su contrario de su arma favorita huy6; pero Garibaldi le alcanz6 y le did la inuerte, "La repAblica de Montevideo did un decreto, declarando que en Salta la legion italiana habia merecido bien del pais, y que en recompensa tendria un pesto de honor sobre todas las trooas de la rep b'ica en el combate y en las paradas.

Al misinmo tiempo se ofrecid A los vencedores una gran suma de dinero 6 una porcion de tierras. Ellos rehusaron el dinero y no aceptaron sino las tierras, A fin de concurrir durante la paz y con su traba- jo A la prosperidad p6. El desinteres de Garibaldi no era menos proverbial que su intrepida habilidad militar. Concluida ya la guiierra en Am6rica y sin objeto en donde emplear su actividad guerrera, Garibaldi volvi6 los ojos Euro- pa, y supo con notable emrnocion que quiza's estaba pr6xinmo el momento de que Italia se viese libre.

Reuni6 sus entusiasma- dos legionarios y les propuso acudir al socorro de la pAtria que sacudia su letargo y se preparaba a arrojar de su seno 4 sus opre- sores. Su pensamiento fu6 acojido con entusiasmo por aquellos valientes; y entonces flt6 las embarcaciones que pudo, reuni6 el dinero y cuanto necesitaba para la travesia, y en e! Garibaldi sin embargo, era presa de la mayor inquietud. La travesia, aunque feliz, era demnasiado lenta para su impaciente ardor, y por otro lado no sabia si al Ilegar a Italia la encontraria ya libre 6 nue- vamente encadenada. Los espedicionarios desembarcaron nuevamente en Niza, y su jefe supo, con no poco sentimiento, que los acontecimientos se mostraban contrarios a la causa de Italia.

Formada la primera liga italiana por el Santo Padre Pio IX, el Rey de Cerdenfa Carlos Alberto y el Principe de Toscana a principios de , empezaron los italianos A ver la bella perspec- tiva de la unidad political de toda la peninsula y de arrojar de Italia la odiosa dondnacion austriaca. Poco despues ]a revolucion estalia en Paris, en Viena, en Palermo, en Napoles y en toda la Europa, y los italianos entu- siasmados con este especticulo se unen al movimiento general; Milan y Venecia se levantan formidables, arrojan de sus muros a los austriacos, y estos en pocos dias se ven precisados 4 eva- cuar todas sus posesiones en Italia.

Promnidlgse la constitucion en Rioma, en Turin, en Florencia, en Nlpoles; la union de Italia parece pr6xima a establecerse una vez espulsados los ustriacos. El valeroso Rey Alberto se pone al frente del moviuiento gue- rero y persigue de victoria en victoria a los austriacos. Tranquilizado el territorio austriaco per- mite al emperador enviar A Lombardia formidables ej rci os. Vizencia en vano resiste con heroismo a un ejercito de 30, dinero si abandonando el partido de Montevideo, entraba 6 su servicio.


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Pero el pundonoroso aventurero no deseaba enriquecerse, sino batirse y sostener su pala- bra empeiada, por lo cual despreci6 aquellas proposiciones. En vano el Rey del Piamonte se esfuerza en querer poner acordes a los milane- ses y 6 los venecianos. El ejrcito del Rey de Napoles se retira de repente por '6rden de au Rey, y deja a Carlos Alberto aban- donado a sns propias fuerzas: el Papa se resiste a declarar la guerra al Austria, y los piamonteses abandonados tambien a sus propias fuerzas son rechazados por sus poderosos eneminigos desde el Minci, al Oglio, desde el Ogijo sobre el Adia, del Adda so- bre Milan, desde Milan sobre Novara.

Milan cae en poder de Radezky y la causa de Italia presenta ya pocas esperanzas. En tales cireunstancias desembared Garibaldi en Niza. Des- de luego conoci6 que no podia contar con el Piamnonte, desalen- tado y exausto por tantos reveses: ti6se en sus propias fuerzas, y haciendo un llanamiento a todos los italianos amantes de su independencia, se lanza la pelea con sus fieles veteranos de Montevideo; pero sus fterzas eran tan escasas que en vano des- pleg6 todo su valoren el Tirol.