e-book Mano a mano. Cura de Ars

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Y el segundo acto de caridad es el aliviar y librar a las almas de los sufrimientos del Purgatorio. Muy Importante.

Por lo tanto la solución es la siguiente. Les vamos a dejar los links para que los puedan bajar y escuchar en vuestros computadores u ordenadores. El orden de acuerdo al siguiente cuadro:.

Cortesía: Audios para Católicos. Primera Parte. Segunda Parte. Tercera Parte. Cuarta Parte. Novena al Santo Cura de Ars. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Santo Cura de Ars, ruega por nosotros pecadores y líbranos de la tentación. Le invitamos a:. Nuestra Biblioteca: libros para bajar, leer y meditar.

San Juan Vianney

Allí va a encontrar varios textos de sermones del Santo Cura de Ars ya hay algunos. Entrar a la biblioteca. Dios en un hombre: Santo Cura de Ars. Película española. Texto El Juicio Final. XXI, No es ya un Salvador que viene como manso cordero a ser juzgado por los hombres y a redimirlos; es un Juez justamente indignado que juzga a los hombres con todo el rigor de su justicia.

El impío, en este mundo, parece hacer gala de desconocer el poder de Dios, viendo a los pecadores sin castigo; llega hasta decir: No, no, no hay Dios ni infierno; o bien: No atiende Dios a lo que pasa en la tierra. Que las aguas rieguen y fertilicen la tierra, dijo entonces el Señor; y en el mismo instante las aguas cubrieron la tierra y la dieron fecundidad.

Creó Dios el cielo, y ordenó a las estrellas que se fijasen en el firmamento. Al mandato de su voz, el sol alumbró el día y la luna presidió a la noche. Mas no es tiempo ya, todo ha concluido para el pecador, no hay esperanza. Queriendo anegar el universo en un diluvio, el arca de Noé, cuya construcción n duró cien años, fue una señal para inducir a los hombres a penitencia, sin la cual todos debían perecer.

El historiador Josefo refiere que, antes de la destrucción de Jerusalén, se dejó ver, durante largo tiempo, un corneta en figura de alfanje, que ponía a los hombres en consternación. Le prenden; le azotan con varas para impedirle que grite; nada le detiene. Entonces todos los males que aquel desconocido había presagiado a Jerusalén vinieron sobre ella. El hambre fue tan dura que las madres llegaron a degollar a sus propios hijos para alimentarse con su carne.

Venid, pies míos y manos mías, que tantas veces os empleasteis en aliviar a los desgraciados; vamos a pasar nuestra eternidad en el cielo, donde veremos a nuestro amable y caritativo Salvador que tanto nos amó. Venid todos y compareced delante de esos pecadores que me despreciaron y ultrajaron, que osaron negar que yo existiese y que los viese. Mirad a todas esas vírgenes, con la corona de la virginidad en sus sienes. Mirad a todos esos apóstoles, a todos esos sacerdotes; tantas cuantas almas salvaron, otros tantos rayos de gloria los embellecen.

Todos ellos, hermanos míos. Pero no, un momento de paciencia; vosotros fuisteis despreciados, calumniados y perseguidos por los malvados; justo es que, antes de entrar en el reino eterno, vengan los pecadores a daros satisfacción honrosa. Vomitad a todos esos réprobos! Ah, terrible momento! Venid, malditos oídos, que tanto gusto hallasteis en las palabras y discursos impuros, venid a escuchar eternamente los gritos, alaridos y rugidos de los demonios.

No, no, pecador, acércate y ven a rendir cuenta de toda tu vida.

Acércate, desdichado, que tanto despreciaste a un Dios tan bueno. No, no, al tribunal de tu Dios; no hay remedio para ti.

Así respondía el Santo Cura de Ars a los insultos del demonio

Todos claman venganza, todos os acusan de su perdición, de que, a no ser por vosotros, habrían ganado el cielo. Mirad todas las almas que os acusan de su perdición. Id, desdichados, a escuchar en el infierno los gritos y los aullidos espantosos de los demonios. Venid, malditos avaros, leed y contad ese dinero y esos bienes perecederos a los cuales apegasteis vuestro corazón, con menosprecio de vuestro Dios, y por los cuales sacrificasteis vuestra alma.

Viernes, 13 de diciembre de 12222

Aquí la tenéis, leed y contad. Ved aquí vuestro oro y vuestra plata, pedidles ahora que os socorran, decidles que os libren de mis manos. Id, malditos, a lamentar vuestra miseria en los infiernos. Venid, vengativos, leed y ved todo cuanto hicisteis en daño de vuestro prójimo, contad todas las injusticias, todos los pensamientos de odio y de venganza que alimentasteis en vuestro corazón; id, desdichados, al infierno. Sí, todo lo he escrito, todo lo he contado. Vete, desdichado, a embriagarte de la hiel de mi cólera en los infiernos.

Ved, mercaderes, el día en que engañasteis a ese niño. Tomado del libro del H. Teodoro Berzal : Una colaboración fraterna. San Juan María Vianney,. Los Hermanos Gabriel, Jerónimo y Atanasio fueron llamados ante el tribunal diocesano que instruía la causa de beatificación del Cura de Ars, junto con muchos otros testigos.

Es el llamado Proceso del Ordinario P. El tribunal tuvo la mayor parte de sus sesiones en Ars. El testimonio del Hermano Gabriel, sin embargo, fue recogido por el tribunal en el palacio episcopal de Belley el día 12 de septiembre de El Hermano Atanasio declaró en 11 sesiones ante el tribunal, entre el 31 de julio de y el 10 de septiembre del mismo año. A ellas hay que añadir su declaración en el Proceso Apostólico P. Durante este segundo proceso el Hermano Atanasio confirma sus declaraciones hechas en el P.


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En los apartados precedentes hemos tenido ocasión de leer algunas partes del contenido del testimonio del Hermano Gabriel, en el que trata de las relaciones entre ambos y subraya de modo especial la humildad del Padre Vianney y su generosidad con la Congregación. Presentamos a continuación la totalidad del testimonio del Hno.

Gabriel y algunas partes del de los Hermanos Jerónimo y Atanasio. Pero recordemos previamente que el Hno. Por todas partes se muestra digno de su santo ministerio. Los rasgos de su figura benigna anuncian la paz y la serenidad de su hermosa alma; su bondad y su mansedumbre le ganan a todos los corazones.

El cielo lo favoreció con el don precioso de tocar a las almas y de operar conversiones maravillosas, sus oraciones tan fervientes tienen un poder muy especial para alcanzar de Dios gracias extraordinarias, y, como ya se señaló, hacen prodigios cuya fama se expande por todas partes, debido al concurso de tan numerosos peregrinos. Vianney ha trabajado en su santificación desde su juventud.

Seguí su consejo. Después de haber rezado ante el Santísimo Sacramento, me presenté en la sacristía en el momento en que el Siervo de Dios se revestía con los ornamentos para decir la santa Misa. Quedé vivamente impresionado al ver su figura, sobre la que se diseñaban los rasgos de la santidad. Siempre he creído que al saludarme, me había llamado por mi nombre y que, después de haberme preguntado cómo estaba, se había informado sobre el estado de la pequeña Congregación de la Sagrada Familia.

Cura, — repliqué muy conmovido — cómo me conoce usted? Me dio luego cita para después de la misa y se revistió de los ornamentos sagrados. Amó personalmente hasta tal punto la Congregación, que nos ha enviado cerca de cuarenta postulantes. Fui por segunda vez a Ars y supe por la boca misma del Sr.

AVISO URGENTE

Cura, que acababa de hacer una fundación para la educación gratuita de los niños de la parroquia de Ars. Poco tiempo después, pude enviar a nuestros Hermanos para dirigir la escuela fundada por él. Nuestro Noviciado de Belley posee, como precioso recuerdo de sus liberalidades y de su amistad para con nosotros, una custodia de gran precio, un rico ciborio y unas vinajeras de plata con su bandeja.

Otras veinte misas deben decirse en los días libres con esa misma intención. No pudiendo encontrarla en Belley, tuve la idea de dirigirme al Siervo de Dios. Le escribí para ello y mandé que la carta se la presentara el Hno. Y se fue al confesionario. Admirable Providencia de Dios, la primera persona que escuchó en confesión le presentó francos para sus buenas obras. He aquí la suma que su Superior necesita.

Atendí a su invitación y fui a testimoniarle mi agradecimiento, expresando al mismo tiempo mi sorpresa.